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Nuevos pecados.
En la semana aparecieron, de manera sorpresiva, los nuevos pecados sociales definidos por la Iglesia católica o, dicho de otra manera, los nuevos pecados capitales. Su aparición, no es un evento intrascendente ni desdeñable. Los nuevos “pecados sociales” presentados por el plenipotenciario apostólico, el arzobispo Girotti, del Vaticano, son estos:
1. Las violaciones bioéticas, como la anticoncepción.
2. Los experimentos moralmente dudosos, como la investigación en células madre.
3. La drogadicción.
4. Contaminar el medio ambiente.
5. Contribuir a ampliar la brecha entre los ricos y los pobres.
6. La riqueza excesiva.
7. Generar pobreza.
Ética y teológicamente, el término “capital” no se refiere a la magnitud del pecado o de una actuación humana desordenada. Para los moralistas católicos, estos siete pecados se denominan “capitales” porque son considerados “cabeza” o principio de los demás pecados que ofenden a Dios y al prójimo.
En este sentido, según dichos moralistas lo que constituye el mal, sea “pecado capital” o “sea pecado social” es tratar a los seres humanos como un objeto o como un medio que es utilizado en propio beneficio, y no como un respetable fin en sí mismo.
Los clásicos siete “pecados capitales”, usted los recordará, enumerados por Gregorio I, a partir del siglo VI, son estos:
1) La soberbia.
2) La envidia.
3) La gula.
4) La lujuria.
5) La ira.
6) La avaricia.
7) La pereza.
A estos siete pecados se contraponen tradicionalmente, según esta concepción moral, siete virtudes. La humildad se opone a la soberbia; la generosidad a la avaricia; la templanza a la gula; la castidad a la lujuria; la paciencia a la ira; la caridad a la avaricia; y la diligencia a la pereza.
La gran diferencia, creo yo, entre estos y aquellos pecados, se reducen a un detalle pequeño, pero significativo. Con aquellos del siglo VI, podía ir yo a confesarme, recibir pena y santo remedio. Con los actuales, como me dice mi amiga Ana, me cuesta mucho trabajo pedir perdón por contaminar o haber probado la mariguana. ¿Se imaginan ustedes a cualquiera de nuestros ricos en el confesionario pidiendo perdón por ser demasiado ricos o por acrecentar la brecha entre pobres y ricos? O ¿Se imagina a una señora lavando ropa en un río contaminándolo, de rodillas pidiendo perdón y rezando tres padres nuestros por su error? Yo no.
FUENTEBueno, ¿qué pensais sobre los nuevo 7 pecados?
Yo sinceramente, con tantos pecados, suponiendo que yo creyera en esas cosas, ninguno va al cielo...
Un saludoo, Mimi