Algún día los humanos o sus descendientes, utilizando una tecnología y una base de conocimiento muy avanzadas, llegarán a estar en condiciones de reconstruir íntegramente a personas ya fallecidas.
Las primeras personas que sean así recuperadas experimentarán un vivo deseo de recuperar a su vez a otras personas queridas o muy allegadas que, de esta manera, también volverían a la vida. Éstas últimas, por su parte, experimentarían también ese mismo deseo respecto de los suyos. De esta manera empezaría a trenzarse una larga cadena de recuperaciones que, aún procediendo de un futuro muy lejano, podría acabar alcanzándonos a nosotros y a nuestros mayores.
Recuperar a un organismo desaparecido, junto con su identidad, significa ser capaz de reconstruir no sólo su cuerpo, sino también su mente. Sería necesario reconstruir todo su organismo tal como estaba en algún momento determinado de su vida, antes de su fallecimiento. Y sería igualmente necesario reconstruir su memoria y todos los elementos constitutivos de su identidad tal como estaban en aquel momento.
Es cierto que esta posibilidad aparece ante nuestros ojos como algo absolutamente inconcebible porque se necesitaría reunir una cantidad casi infinita de información sobre esa persona. Una parte de esa información tal vez pudiera llegar a deducirse a partir de sus descendientes, como por ejemplo, el ADN. Pero reunir todo lo restante (todo lo relativo a los procesos mentales y emocionales, toda la memoria de esa persona y todos los datos pormenorizados de su entorno y de su biografía) resulta inimaginable.
Sin embargo, si Ervin Laszlo (El cosmos creativo, Kairós, 1997) estuviera en lo cierto acerca del vacío cuántico, toda esa información existe, está guardada y va a continuar ahí en tanto la naturaleza más íntima del Universo no se modifique substancialmente.
Según Laszlo, el vacío cuántico contiene una traza de todo cuanto ha acontecido, y podría considerarse como una especie de "disco duro" casi infinito con la información completa sobre todos los sucesos ocurridos desde el Big Bang, no sólo en el plano estrictamente físico, sino también en el plano de los sucesos emocionales y cognitivos.
Una vez la humanidad alcance la capacidad para leer y decodificar las super-tenues fluctuaciones que tienen lugar en este campo, y pueda procesar convenientemente porciones específicas de esa información, se dispondría ya de todos los datos relativos a la existencia completa de cualquier ser que haya vivido en el pasado. De ahi a recontruir el puzzle para reunir de forma exhaustiva toda la información relativa a una persona determinada, sólo sería cuestión de disponer de una tecnología apropiada.
Más información en el artículo publicado por Tendencias Científicas y en el libro en formato PDF de Ervin Laszlo "La Ciencia y el Campo Akásico. Una Teoría Integral del Todo".
ENLACES:
Fragmento del libro La Ciencia y el Campo Akásico. Una Teoría Integral del Todo ;
Artículo en Tendencias Científicas.