Una medida posible y perfectamente válida a la hora de proteger sus datos resulta ser la encriptación.
Mediante un algoritmo suficientemente complicado, un texto o cadena de caracteres se convierte en algo ilegible, de manera que sólo el proceso inverso (y a veces con ayuda de una contraseña) puede devolver al archivo su forma original.
Si este algoritmo se ejecuta y diseña correctamente (basándose en las extrañas propiedades de astronómicos números primos), el atacante no tiene absolutamente ninguna posibilidad de desencriptar el mensaje a menos que posea las claves (que DEBEN constar de decenas de caracteres). Continúe leyendo
