¿Entregarías tu espiritu? (Sí, he leído y acepto las condiciones de uso)

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¿Entregarías tu espiritu? (Sí, he leído y acepto las condiciones de uso)

Esta simple frase es a la que los usuarios de Internet tienen que dar su visto bueno para poder acceder a la mayoría de los servicios online, pero también es considerada la mentira más extendida en Internet, ya que muy pocos de los que marcan la casilla junto a esta afirmación realmente han leído las referidas condiciones de uso.

Puede parecer un mero trámite, pero se trata de un par de “clicks” decisivos en algúnos aspectos. Con ellos se establecen las reglas de juego en las que se delimita lo que puede hacer el usuario, pero también lo que puede hacer el proveedor del servicio.

El porqué de que los usuarios no lean esas condiciones puede tener muchas explicaciones, pero la mayoría son realmente excusas como la falta de tiempo o que “ponga lo que ponga o acepto o no puedo usar esto”.

Ya hace algo más de un año que alguien decidió comprobar hasta qué punto llega esta pasividad e incluyó entre las condiciones de uso una cláusula por la cual el usuario entregaba su alma al aceptarlas. En 24 horas se hizo con unas 7.500 almas. ¿Alguien entregaría su espíritu para poder jugar a un videojuego sobre una granja virtual?

Está claro de que este se trata de un ejemplo exagerado y fuera de lo común, pero realmente, ¿a qué damos permiso al acceder a los servicios de Internet? Si ante esta pregunta usted no conoce la respuesta puede que haya dado su visto bueno y no lo sepa a qué. Pero esté tranquilo, por lo general no se trata de asuntos de tanto calado; aunque tampoco crea que se trata de algo poco importante. Hablamos del derecho a su privacidad, esto es, que otros conozcan o manejen su información personal.

Lo más común es que al aceptar las condiciones de uso uno dé permiso para acceder a cierta información personal. Ésta es mucha y muy variada, especialmente en el caso de las redes sociales y aplicaciones asociadas –juegos, mensajería instantánea, servicios de noticias o videos– no solo por la información publicada en su perfil, sino porque es posible que si usted no señala lo contrario su información sea accesible para las aplicaciones que utilicen sus amigos.

Ejemplos de ello son, no solo todos los comentarios que conscientemente escriba usted, sino también el historial de las páginas que visita y con qué frecuencia lo hace, e incluso otros datos como por ejemplo la información que se puede aportar sin saberlo al compartir una fotografía, ya que estas imágenes pueden incluir datos sobre la ubicación, la fecha y hora e incluso el tipo de cámara usada. Es decir, una plataforma social puede saber con más exactitud que usted cuál ha sido la ruta de sus últimas vacaciones.

Además, en esas condiciones de uso no solo se determina el acceso a esa información, sino también para qué se permite utilizarla e incluso si se puede llegar a ceder a terceros.

Si usted decide leer esas condiciones comprobará que, aunque el uso habitual de estos datos es la investigación de mercados, la publicidad y la personalización de los servicios, no es nada extraño que las posibilidades de uso se puedan resumir en un “para cualquier finalidad”, por lo que podemos estar poniendo a disposición de alguien una cantidad ingente de información sobre nosotros y además estar permitiendo que se haga con ella lo que sea y se le ceda a quien sea.

Más aún, tras ceder en buena medida el control sobre nuestra información finalmente está esa parte visible que todos conocemos. Ese tercer nivel de permisos para actuar en nombre del usuario, como puede ser que el proveedor del servicio pueda publicar en el perfil de sus amigos algún aviso referido a usted. Por ejemplo, todos tenemos algún contacto en nuestras redes sociales que al cabo de la semana ha publicado una decena de veces su puntuación en un juego y nos ha invitado otro par de veces a probarlo, aunque sabemos que es la propia aplicación informática la que genera automáticamente dichas publicaciones con el permiso que le dio al aceptar las condiciones de uso.

Entonces, ¿dar todos estos permisos supone realmente un problema? Más bien el riesgo es no ser consciente de las condiciones que se están aceptando, ya que si el usuario decide que no le importa que alguien conozca su información es totalmente libre para ello.

La disconformidad real se pone de relieve cuando las principales quejas hacia estos servicios –y de nuevo especialmente en el caso de las redes sociales– se centran en la falta de privacidad y en el uso que hacen de la información personal, aun cuando los usuarios hayan aceptado las normas de uso de la plataforma.

Normalmente son los usuarios los que, a posteriori, tratan de poner límites a estos permisos en la medida de lo posible modificando y reconfigurando las opciones de privacidad del servicio. Así, según los datos de los estudios realizados por INTECO, 2 de cada 3 usuarios las restringen para que sus datos exclusivamente puedan ser vistos por sus contactos directos, e incluso tan solo algúnos de ellos.

Así que, si quiere controlar lo que alguien pueda saber sobre usted o lo que pueda hacer con sus datos, lea las condiciones de uso antes de aceptarlas, no sea que esté cediendo su alma. Y si ya las ha aceptado, revíselas, que tal vez pueda rectificar y recuperarla.

Fuente: inteco.es
 
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